Àlex Frutos (Vilanova, 1995) es el hombre récord del Alumnes Obrers: nadie ha jugado más minutos que él ni tampoco lo ha hecho en todas las demarcaciones posibles.
No debería llegar tarde a los entrenamientos.
Lo tengo todo porque juego en el equipo de mi ciudad; ese era mi objetivo desde niño. A día de hoy, soy el único jugador de la plantilla que reside en Vilanova y eso te da otra perspectiva. Saboreas más las victorias, pero las derrotas te las llevas hasta el portal de tu casa.
Lo juega todo, pero se lo pone fácil a Sampietro.
He empezado partidos en todas las posiciones. Contra la Grama jugué de extremo, contra el San Cristóbal de doble punta. He sido mediocentro, interior, lateral en ambas bandas y central. De pequeño me quedaba con los inputs y ahora, sifalta alguien, el míster confía en mí porque sabe que entiendo el juego colectivo. Y si me pide ir a la portería, voy. Es cuestión de mentalidad.
Por convenio, le correspondería algún día de fiesta.
Es un orgullo propio mantener la titularidad indiscutible durante más de 100 partidos en cuatro temporadas. El entrenador me valora mucho y yo intento devolver esa confianza estando siempre disponible, sea donde sea.
Su alter ego, en el otra área.
Suelo marcar unos cinco goles por temporada, pero este año voy más flojo, tres, porque el equipo me ha necesitado como central. Me gusta el gol, es la mayor alegría. El doblete ante el Rubí en febrero (3-2) fue especial: un tiro desde fuera del área y un rechace.
Se vive muy bien en la capital del Garraf.
Alguna oportunidad tuve para salir , pero para mí lo primero eran los estudios de Fisioterapia. En 2023 dejé el club para probar la Tercera, pero el Vilanova volvió a incorporarme y ahora mi objetivo es subir a Segunda RFEF. No se me pasa otra cosa por la cabeza.
Puente aéreo entre las Vilas.
Estuve en el Vilafranca en una etapa difícil. El equipo venía de salvarse por una ampliación de categoría y terminamos bajando. No había tanta afición como aquí. Esas experiencias te enseñan que en el fútbol nadie te regala nada.
Un Vilanova, a punto de saltar la banca.
Nadie daba un duro por nosotros al empezar, pero nos hemos metido entre los mejores sin grandes nombres. Hacemos un fútbol combinativo donde los porteros salen jugando como si fueran un líbero. Te plantas rápido en campo rival, es muy vistoso, pero reconozco que el míster sufre mucho en la banda por ese juego tan arriesgado.
Desafiando dogmas, asumiendo riesgos, romanticismo eficaz.
Se había dicho siempre que en esta categoría no se podía jugar así, que te expones demasiado a las pérdidas. Pero si estamos donde estamos es por nuestra identidad. El rival nos tiene estudiados, pero el entrenador siempre busca cómo maximizar nuestras armas. Nuestra posesión es, en realidad, nuestra mejor forma de defender.
Un Vilanova a toda vela.
Es meritorio estar arriba cuando no tienes el nombre ni el dinero de otros clubes. Hemos demostrado que el trabajo táctico y el entendimiento del modelo de juego pueden suplir carencias económicas.
Echar el ancla en Segunda RFEF.
Un playoff con el equipo de mi ciudad sería la experiencia definitiva. Me cuido al detalle para que este viaje dure lo máximo posible. Tenemos la ambición y queremos que el Vilanova esté donde por historia merece estar. El club y la ciudad necesitan ese último empujón.